Las madres somos diferentes. No solo somos mujeres, con nuestros defectos y virtudes, somos madres.
No importa el tipo de madre que seas, si has llevado a tu hijo en el vientre o no, si tuviste un parto respetado o no, si estás soltera o en pareja…ERES MADRE.
Un hijo es lo más maravilloso del mundo, es el mejor regalo y además, para toda la vida 🙂
En muchas ocasiones, nos catalogan a las madres como “súperheroínas”, por todo lo que tenemos “que aguantar”: trabajo, casa, cargar con los hijos, etc. Somos súperheroínas sí, pero porque tenemos la capacidad de dar vida y de acompañar a nuestros hijos con el objetivo de que la suya sea maravillosa. Pero no comparto lo de “cargar con los hijos”. Cuando estás dispuesta a ser madre, debes saber que tu vida cambiará, que tu prioridad será otra y que vas a ser inmensamente feliz. Aunque el proceso conlleve, lógicamente, esfuerzo, constancia y amor, mucho amor.
Hoy quiero hablarte de 10 cosas que tus hijos te agradecerán siempre y que te ayudarán en esta bonita labor de educar y de guiarlos por la vida:
- Pasa tiempo con ellos: la mayoría de adultos con los que trabajo sus infancias, para así mejorar la de sus hijos, coinciden en recordar con amargura, el poco tiempo que sus madres pasaban con ellos. Bien por trabajo, por tener otras prioridades, muchos hermanos o necesitar tener la casa siempre impoluta por estigmas sociales… Nuestros hijos necesitan tiempo, tiempo juntos, sin responsabilidades ni normas, un tiempo de calidad. Ponte como objetivo pasar cada día tiempo con ellos, disfrutando, jugando, compartiendo amor. Esto no solo se convertirá en un recuerdo bonito de los que llenan el alma, sino que también les ayudará a crear una personalidad segura, sincera y feliz.
- Escucha atentamente: no creas que no empatizo contigo, el estrés, el día a día, las opiniones de los demás… a veces hacen que no tratemos a los hijos como lo que son: nuestros hijos. Hay que escucharlos con atención, con motivación, con ganas. Lo que nos cuentan, para ellos es lo más importante del mundo, por lo tanto, debe ser escuchado como tal. Sentirse escuchados, les dará las herramientas para tener voz y personalidad propia en un futuro ( no muy lejano). En sus relaciones sociales, profesionales y personales. Sentirnos escuchados es una de las cosas más relevantes y bonitas que nos pueden pasar.
- Deja que expresen sus emociones: no hay emociones buenas y malas, hay emociones. El reprimir las emociones de nuestros hijos tiene consecuencias negativas directas en su vida presente y futura. Deja que se expresen. No temas que expresen rabia, miedo, celos, ira… porque deben conocer y reconocer todas las emociones que experimentan y esto solo se consigue: exteriorizándolas. Las emociones son buenas para el ser humano, sean como sean.
- Predica con el ejemplo: educar a un hijo es fácil, lo difícil es cambiar tus malos hábitos y tus patrones adheridos. Si quieres que tus hijos no griten, no grites. Si quieres que tus hijos se laven los dientes, lávatelos con ellos. Si quieres que no peguen, no los pegues. Si quieres que tomen decisiones, tómalas sin miedo y déjales que tomen las suyas. Si quieres que saluden al entrar a algún lugar, no les obligues a saludar, simplemente, hazlo tú. Y así una larga lista. No hay nada más real y que prevalezca para siempre que el ejemplo. Tus hijos ven a través de tus ojos… focaliza bien tu mirada.
- No hagas juicios sobre ellos: listo, tímido, malo, llorona, celosa, buena, simpática, responsable, gritón… Hacer juicios sobre los hijos, etiquetar, comparar, siempre es un error. Aunque aparentemente creas que dices algo bueno, siempre estarás generando una consecuencia. Si te educan diciendo que eres tímida, se te va a quedar clavado muy dentro, y ese “cartel” caerá sobre ti toda la vida, serás tímida, sin duda. Las madres debemos acompañar, guiar, dar amor: sin juzgar. Sean como sean, en los buenos y malos momentos, ahí estaremos, sin dejar de respetar. Porque hacer juicios de valor es faltar el respeto.
- Apoya el juego libre: que no te importe el cumplimiento de las rutinas, ni los mil deberes, ni las extraescolares en exceso… que solo te importe la libertad para jugar. Eso es lo que necesitan tus hijos: libertad y juego. Porque el juego es la mayor herramienta de aprendizaje, porque todos recordamos los juegos en nuestra infancia como algo que nos daba la vida, y es que esa es la única verdad: el juego da vida, el juego da amor, el juego da libertad, el juego da inteligencia. Deja a tus hijos jugar.
- Ofrece confianza: ¿cuántas madres me dicen que sus hijas e hijos adolescentes no confían en ellas?, no podría contarlas ni con los dedos de 20 manos… todas tienen una relación distante con sus hijos, no los entienden, no saben llegar a ellos, tienen la sensación de que están lejos, muy lejos. Y es que la confianza debe potenciarse desde el inicio, desde el momento en el que llevas a tu hijo en brazos de bebé y no lo sueltas en todo el día, digan lo que digan. Desde el momento en el que dejas que se tire por ese tobogán que te da miedo, y te mantienes firme, cohesionada, confiada. Desde el momento en el que quiere ir a tomar un refresco con unos amigos y te pide llegar a las 22 h y te mantienes motivada, le dices que confías en su buen hacer y dejas fluir la ocasión… La confianza con una madre empieza con el nacimiento del hijo y así debe mantenerse.
- Que sepan que son tu prioridad: no eches en cara NUNCA a tus hijos que estás cansada, que tienes mucho trabajo, que todo lo haces tú, que estás harta, que estás estresada, que tienes problemas, que no duermes… Ellos son tu prioridad, y, por lo tanto, no tienen que llevar la carga de tu vida. Si te ocurre algo de eso, párate a pensar sobre tu vida, toma decisiones, realiza cambios, dialoga con tu pareja (si la tienes), busca oportunidades; pero NUNCA responsabilices a tus hijos ni les hagas sentir culpables. Ellos deben sentir desde el primer momento que son TU MÁS PRECIOSA PRIORIDAD.
- Abandona la sobreprotección: educar con respeto no es sobreproteger. Tanto la desatención como la sobreprotección, provoca efectos negativos en nuestros hijos y en su vida. Hay que ofrecerles equilibrio, un equilibrio medido, potente, capaz, confiado. Un equilibrio entre la libertad y libertinaje. Si ves que tu hijo, de 5 años, está relacionándose con un niño aparentemente más mayor y crees que va a tener problemas, acércate, visualiza, que él note tu compañía, tu buen hacer… pero confía, confía en él y en sus posibilidades. Si ves que tu hija de 15 años quiere salir a una discoteca, habla con ella, escucha, comparte, acompaña, que note que estás ahí siempre, y que nunca vas a dejarla sola. Nada ganarás con retenerla, así como tampoco ganarás si dejas que sea su única prioridad. Se trata de encontrar el equilibrio perfecto, y esto solo se consigue con amor, respeto, empatía y confianza.
- No quieras que cumplan tus sueños: un error muy común y grave es querer que los hijos realicen los sueños que nosotras no pudimos cumplir. Estudiar aquello que no pudimos, tocar el instrumento para el que no teníamos dinero, llevar la ropa que nunca pudimos comprar, pretender que vayan de Erasmus a nuestra ciudad preferida, etc. Has traído a tus hijos al mundo para que vivan SUS sueños, no los tuyos. Descubro a muchos adultos atrapados en vidas que no desean, en trabajos que no les gustan, con parejas que no son las que quieren tener… Y todo por contentar a sus padres, por hacer lo que creen que tendrá el visto bueno de los mismos, por cumplir los sueños de estos y no los suyos.
Lo más importante es el amor y el respeto: con eso se consiguen sueños propios
Espero que pases un feliz día. Hoy y siempre.
Muchos besos y GRACIAS por todo:
,
Fundadora de Edurespeta, Escritora, Especialista en Educación basada en el respeto, la empatía, el acompañamiento, la lógica y la evidencia científica, creadora de la Educación Real®, Educadora, y Asesora – Formadora de familias y profesionales
2019 ©
Pastori dice
Muy buenas reflexiones gracias
Arantxa dice
Me encanta y es lo que quisiera hacer con mi hijo. Siempre he tenido una relación difícil con mi madre precisamente porque no ha sabido escucharme ni confiar en mí, porque no cumplí sus expectativas, porque no me he sentido respetada en mis decisiones y porque siempre me ha restregado todo lo que ha hecho por mi ( que dicho sea de paso no ha sido mucho). Así que no quisiera cometer los mismos errores. Ahora mismo mi máxima prioridad es acompañarle y enseñarle para que sepa enfrentarse a la vida de la mejor manera y tenga las herramientas para ello, espero saber hacerlo aunque seguro que cometere errores ya que no es tarea fácil.